1.3.12

Pipirrana en el Restaurante Los Caballos de Álora (28 de febrero. Día de Andalucía)



     Qué maravillosas fotos, ¿no os parece? Porque están hechas a personas maravillosas. Conocer a las personas que formamos el grupo Pipirrana ha sido una de las mejoras cosas que me ha pasado en mucho tiempo. Mujeres, la mayoría (aunque no me quiero olvidar de nuestros tres chicos), que compartimos una afición común, la cocina, y que nos hemos hecho muy buenas amigas. Todas tienen el corazón muy grande. 


      Nuestras comidas, meriendas, reuniones para cocinar, son un motivo de alegría y de charla continua, de llenar nuestros sentidos y de agrandar nuestros conocimientos, siempre, cada vez. 

      Os voy a explicar por qué nos llamamos Pipirrana. No es un nombre demasiado bonito estéticamente, pero es perfecto para definirnos, porque somos un grupo de edades dispares y con muchos integrantes que nacieron o se criaron en diversas partes de Andalucía y de España: un grupo heterogéneo, de diferentes cocinas y costumbres que nos une nuestro amor por Málaga y nuestra residencia en ella (aunque ya se nos ha unido una granadina…) 

     El martes pasado, día de Andalucía, quedamos para comer en el Restaurante Los Caballos de Álora, un pueblo de la Comarca del Guadalhorce malagueño. 16 adultos y “dos carritos” fue lo que se apuntó en la reserva (dos bebés, evidentemente). Nos reunimos ocho blogueras con sus respectivas parejas y bebés, aunque al final la pequeña Oli se quedó con su abuela. Faltaron muchas personas del grupo, ya que ascendemos a unos veinte integrantes más o menos. 

      Nos prepararon una mesa digna de una boda, hasta con centro de mesa y todo, donde nos sentimos muy a gusto y donde no paramos de conversar y comer. Empezando por picar unas aceitunas aloreñas y el buen pan cateto de Álora (al cual venero por los siglos de los siglos), seguido de morcilla de cebolla, croquetas de jamón, setas a la plancha y ensaladas varias. Después cada uno pidió su plato. Creo que coincidimos todos en pedir carne, ya que el restaurante es especialista en carnes a la brasa. Unas carnes mejor hechas otras peores, pero al final nos hinchamos de comer. Quiero recalcar que en este restaurante se cocina el chivo lechal malagueño, una joya de nuestra provincia que se conoce bastante poco, incluso dentro de la misma Málaga, una carne tierna y de sabor exquisito. Yo pedí chivo ;-) 

      Con sus paradas y descansos, vuelta por las mesas para hablar con todos (ya os digo, como una boda), carantoñas a Ánxel (el hijo de Maribel y Ángel), llegamos a los postres caseros (las natillas que yo probé estaban deliciosas), cafés, infusiones y licores. Casi nos echan del local, eran prácticamente las seis y estábamos todavía allí. 

    A la salida quería que este momento quedara recordado en fotos donde todos saliéramos, y nos hicimos tantas fotos que parecía un fotocall de los estrenos de películas. 

      Quiero destacar a los consortes, la mayoría no se conocían o no conocían a nadie, y todos se integraron y charlaron por los codos. Creo que pasaron una velada agradable, aun teniéndonos a las chicas charlando y charlando de cocina y otros menesteres. 

       Tuvimos, al final de la comida, la llamada de nuestra reportera dicharachera “enviada especial” a Sevilla, Mª Ángeles. Os explico: ese mismo día hubo una quedada a nivel andaluz en Sevilla, y Mª Ángeles, por circunstancias personales, se encontraba en Sevilla ese día y quiso ir a la quedada. Espero que los amigos blogueros que fueron a Sevilla no se enfaden porque no fuimos a su quedada, para la próxima nos veremos, que creo que han dicho de organizarla en Granada. Retomando, Mª Ángeles nos contó cómo se lo estaba pasando y a la gente que conoció. Tuvieron una comida tremenda y una merienda espectacular con vistas al Guadalquivir y la Torre del Oro. Nosotros la echamos mucho de menos (al menos yo, que parecemos siamesas) y también a Eli, Leo, Rafa, Mari Cruz, Ángeles, Conchi… 

      Ahh ¡que ya me olvidaba! Íbamos con una ilusión grandísima de comprar pan cateto y harina en la panadería que hay detrás del restaurante y, cuando llegamos, la panadería había cerrado porque tres autobuses por la mañana habían arrasado con toda la producción del día...¡La próxima vez tendremos que a tener que avisar que vamos, por si acaso!



      Asistimos a la comida: 


      Qué alegría pertenecer a este grupo tan fantástico, ¡gracias por ser parte de mi felicidad!